Dani ha muerto

Murió como sólo pueden morir los más grandes. Con y por la infinita tristeza que esconden aquellos que llevan la alegría a todas partes. No puede haber otra explicación.

Varios amigos muy distintos nos enteramos y fuimos al funeral. Organizado por una familia con la que ya no tenía relación, ultracatólica, fue lo más opuesto a lo que Dani hubiese querido. Negro, serio y sin música. Esa música que tanto amaba y siempre le acompañaba.

Así que nosotros nos fuimos a despedirlo a nuestra manera. Emborrachándonos, riendo, llorando y cantando.

Hasta siempre, Dani. Gracias por ese trocito de felicidad que te debemos.

El comepollas importante

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Corren rumores por el mundillo sobre un importante personaje que come pollas de manera secreta. A mí la historia me la han contado varios compañeros y casi siempre coinciden los mismos detalles. Cada uno que le de la veracidad que quiera.

La historia siempre comienza con un chico joven y delgadito que ofrece sus servicios sexuales por internet. Una tarde va a casa de un cliente por la suculenta cantidad de 120 euros, por adelantado. Se desnuda, el cliente le come la polla y cuando termina le da una propina extra de 50 euros y dice que probablemente le llame otro día. A la semana o así ese cliente le vuelve a llamar pero esta vez le dice que será un trabajo especial y que pagará 300 euros. “Es un amigo importante, así que tiene que ser todo muy discreto y como tú eres muy discreto he pensado en ti. Ven a mi casa y desde aquí lo arreglamos“. Lo que sigue empieza a parecer una película de espías. Primero los 300 euros, en billetes de 50. En ascensor hasta el garaje, luego un coche con las lunas tintadas. “Ponte este antifaz, porque no puedes saber a dónde vamos, es mejor así, no te preocupes. ¿Tienes los 300 euros, no?“. Media hora en coche, primero entre tráfico y luego más fluido. Le llevan de la mano, sube unas escaleras, entra a una habitación, le dicen que se quite la ropa y que ahora vendrá un señor muy importante. Él no tiene que hacer nada, solo dejarse comer la polla. No puede bajo ningún concepto quitarse el antifaz ni hablar. Solo puede gemir, a él le gusta que giman. Entra alguien, le comen la polla, se corre y ese alguien se va. Vuelve el cliente original. “Muy bien, ¿ves qué fácil todo?, ahora volvemos a mi casa“. De nuevo 30 minutos de coche. Solo se oye la radio. El mismo garaje y fuera el antifaz. “De esto ni una palabra a nadie, ¿eh? que si no te volvemos a llamar. Toma, 100 euros más porque te has portado muy bien“.

Hasta aquí la historia. Luego empiezan los rumores y las divergencias. Está claro que el cliente primero es un señor de unos 50 años alto y delgado con pelo cano que vive en el barrio de Salamanca. Sobre el cliente misterioso unos dicen que tiene barba, que eso se nota si no te la saben comer bien. Otros cuentan que la habitación aquella tiene un penetrante olor a puro, de los buenos. Unos dicen que les tocaban mucho y otros que solo se la comían. Nadie dice que se haya atrevido a quitarse el antifaz, aunque uno cuenta que sabe de otro, un rumano, que fue a esa casa misteriosa y que nunca volvió. Quizás se quitó el antifaz.

Mi primera vez

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Estoy en casa de Charly. Es como yo le llamo pero no se llama así. Lo de este tío es asombroso, se corre y se queda frito. Siempre. El pobre tiene que trabajar mucho o algo porque esto no es ni normal.

Estoy en su salón y él duerme en el sofá. La música que suena me encanta. No tengo ni idea de lo que es pero me encanta. Y estoy tan a gusto que no me quiero ir.

En Madrid hace un calor de muerte y Charly no tiene aire acondicionado. La única manera de sobrevivir en su casa es quedarse en calzones. La silla que tiene en el escritorio del ordenador es de un material raro moderno que seguro que tiene un nombre pero yo no lo sé. El caso es que da sensación de fresquito al tocar en la piel. Así que estoy en casa de Charly, en su salón, en un Madrid que se muere de calor, en calzoncillos y rozándome con una silla moderna. Vaya imagen, ¿no? Ah, también me estoy terminado el vino que empezamos a beber antes de follar y creo que estoy un poco borrachillo.

¿A vosotros no os pasa que la música os cambia el carácter? Hay mucha gente que cuando está contenta pone música alegre y cuando está triste pone música melancólica. Yo soy no soy de esos, mi estado de ánimo se adapta a la música que suena. Y la que suena aquí me hace sentir libre. Libre para contar cosas, libre para usar un ordenador que no es mío para contarlas. ¿Y qué coño cuento yo ahora? Como no se me ocurre nada, os voy a contar mi primera vez. Mi primera vez como chapero, que mi primera vez con una tía fue un desastre y es mejor olvidarla.

Fue hace unos años, en el Viñarock. Yo había ido con tres amigos, una tienda de campaña y muy pocos euros. El primer día nos hicimos amigos de un grupillo de tíos y tías muy divertidos que estaban dos tiendas más alla en la dirección por la que sale el sol. Había una chica que me encantaba, Marta. Tenía rastas finitas y la sonrisa más bonita que recuerdo. Contaba cosas muy interesantes sobre filosofía, sobre el mundo y sobre las drogas que a mi me dejaban un poco embobado y creo que se me notaba y que por eso no me hacía mucho caso.

En el segundo día coincidimos de casualidad en varios conciertos y yo no hacía más que suspirar por ella. Y volvimos a coincidir volviendo a las tiendas. Con su sonrisa de diablesa me dijo: “Dani, ¿sabes lo que estaría de puta madre ahora? Que me invitaras a un porrillo y nos lo fumáramos juntos en silencio”. De imaginarme ese porro silencioso junto a ella me temblaron las piernas, se me puso dura y tuve escalofríos. Y me cagué en mi estirpe por no tener porros, claro. Pero las canciones de esa noche no habían contado historias de perdedores sino de héroes y yo me vi como un príncipe valiente que va al rescate de la princesa altiva que le había negado su amor hasta ese momento. Ahora lo pienso y me suena todo tan machista… jodida ironía que te da la vida cuando menos te lo esperas.

El estúpido héroe en el que me había transformado buscó la solución. Unos chavales de la tienda de al lado tenían porros y seguro que se enrollarían y me invitarían a uno. Al fin y al cabo era por una buena causa. Podían elegir la que quisieran: salvar a la princesa o que Dani follara. Pues de los chavales de al lado solo había uno. Ni puta idea de cómo se llamaba. Cuando fui a hablar con él me dio la sensación de ser una versión masculina de Marta: bonita sonrisa, un punto misterioso y hablando de cosas interesantes. Sin muchos rodeos se lo dije: “Oye, me podrías regalar un porrillo para fumármelo con una tía que me estoy intentado hacer…”. Maldita sonrisa de nuevo: “pasa a la tienda, anda”. Saca una bellota y empieza a jugar con ella: “así que quieres que te de un porro para que te puedas tirar a una tía… qué listo tú, ¿no? ¿y yo qué saco?”. Nervioso le dije algo como que él tenía porros y yo no, que en la vida hay que compartir, que hoy por mí, mañana por ti. La sonrisa se convirtió en una mueca de risa, de risa capitalista. Largo silencio. Me doy cuenta de que me esta mirando al paquete. Me doy cuenta de que aún la tengo dura y que se me nota muchísimo. “Quien algo quiere algo le cuesta… y yo también la tengo dura. Tú con el porro probablemente lo soluciones con tu pivita… pero ¿a mí? ¿a mí quién me lo soluciona?” Silencio. Solo escuché el ruido de una puta hostia fascista en mi cara. Pero yo era el valiente, el héroe y no me quedaba otra que aceptar las reglas con honor. Me acerqué a él un poco, lo justo para que nuestros cuerpos sin camiseta se rozaran y puse la mano sobre su paquete. Una polla. Una polla como la mía. Bueno, como la mía no, más pequeña, pero igual de dura. Y empecé a agarrársela por fuera y el se tumbó un poco más. Con una mano empezó a acariciarme el pelo y yo ya supe lo que tenía que hacer. No me empujó, solo jugaba con mi pelo. Así es el capitalismo, siempre crees que no te obligan, que es una decisión tuya. Y se la empecé a comer. Al principio con miedo. Yo no sabía cómo se hacía eso pero parecía gustarle así que cogí confianza. No sé cuánto tiempo estuve. ¿5 minutos? ¿10 minutos? Los que fueran. No dijo que se iba a correr pero yo lo supe. Dejé de comérsela mientras le pajeaba y se corrió. Noté su maldita lefa caliente en mi pecho y en parte de mi cara. “Joder qué bien la comes cabrón, mucho mejor que una tía. Toma, disfrútala”. No sé si se refería a la china o a la piva.

Salí de allí limpiándome como pude y con miedo de que Marta reconociera el olor. Pero Marta ya no estaba. No estaba donde la dejé. No estaba en su tienda. Solo estaba yo con mi puto porro que ya no servía de nada. No sé por qué volví a la tienda donde acababa de hacer mi primera mamada, supongo que para al menos fumarme el porro con él. Pero ya estaba dormido. Como Charly está dormido ahora.

 

Culpable

culpable

“Culpable, me siento culpable”. Eso dice una canción de Zenet que cantamos Julia y yo mucho. Bueno, la canta Julia y yo la toco. La guitarra, ya quisiera yo tocar a Julia.

El caso es que así me siento yo, culpable. A ver si no me lío y lo puedo contar bien.

Rodrigo es un chico con cara de bueno que además es bueno. Es de esa gente que sabes que seguro todo el mundo habla bien de él. El caso es que Rodrigo lleva soltero un montón de años y creo que ya ha renunciado a la posibilidad del amor. Pero a lo que no puede renunciar es al cariño y como se ve que tampoco lo consigue (o que quiere disfrazarlo de amor) lo compra. Y me lo compra a mí.

El resto de su vida parece estupenda: amigos de los que siempre habla con una sonrisa en la boca, unos padres que le quieren y un buen trabajo que le gusta. O que le gustaba, porque aquí viene la parte de la que me siento culpable.

Hasta hace un mes o así quedábamos un par de veces al mes para tomar algo, cenar, unos porritos, charlar y follar. Y todo molaba: es divertido para tomar cañas y vinos, cocina bien, siempre tiene marihuana de primera, sabe un montón de cosas que no sirven para nada pero son muy divertidas para conversar y follar era guay. Gemidos de verdad. Pero últimamente estábamos quedando un montón: dos o tres veces por semana.

El domingo me lo contó: había dejado su trabajo de ingeniero aeronáutico en una empresa que hacía aviones, que siempre han sido su sueño, para aceptar un aburrido trabajo en una consultora financiera. No lo dijo pero yo sé que ha dejado un trabajo en el que era feliz por uno que casi le asquea simplemente para ganar mucho más dinero. Rodrigo debe de tener más de 30 años pero menos de 40 y creo que ya se ha dado por vencido en eso de buscar tíos. Se ha vendido para poder pagarme igual que yo me vendo para pagar otras cosas. Me jode porque el capitalismo siempre acaba ganando. Y me jode porque por lo menos él no se lo merece.

Por cierto, he sacado un 12.9 en selectividad. Pero estoy jodidamente triste. Creo que se me han quitado las ganas de escribir. Por lo menos hasta que vea que este puto mundo no es tan injusto.

 

El primer chapero del mundo en aceptar Bitcoins

bitcoin

Ayer me tiré a un tipo extraño. Y sí, digo “me tiré” porque me lo tiré. Hace poco he añadido a mis servicios follarme a tíos y no solo comerla. Ahora soy activo según se dice. Lo de que el tío era extraño… puffff, un paranoico. No me quería dar su dirección por el chat ni quería usar skype. Tuve que darle mi teléfono para que me llamara con número oculto. Pero el tío va y hace dos llamadas. Una para decirme el número y el piso y otra para decirme la calle.

El caso es que me lo follé dos veces. No porque yo quisiera sino porque la primera me corrí muy rápido y me sentía mal. Menos mal que yo cuando me corro no se me baja y puedo seguir ahí dale que te pego.

Lo bueno viene cuando terminamos de follar y el tío me dice que no tiene pasta encima. No te jode… encima que le iba a cobrar una buena tarifa porque no me quiso decir a qué se dedicaba… Le dije que le acompañaba al cajero y que me lo diera. Pues no, porque resulta que él no usaba tarjetas de crédito. Dice que así le espían los bancos y VISA y nosequién, que pasara mañana por la mañana después de que fuera al banco y me lo daba. Y bueno, yo me fio normalmente de la gente, hasta de la que es así de extraña… pero debí de poner cara rara porque me dijo… “bueno, o si quieres te pago en bitcoins”.

Ay, “bitcoins”, ¿y eso que será?. Con lo curioso que soy yo tuve que preguntarle. En resumen: es una moneda virtual y electrónica que se basa en cosas muy complicadas de criptografía que solo unos pocos pueden entender. Las ventajas de esta moneda son que no está controlada por ningún gobierno ni institución y puede usarse de forma anónima. Cada persona que quiera se puede crear una cartera (bitcoin wallet) donde guardar sus monedas virtuales. Esta cartera tiene una dirección con la que hacer transacciones. Todas las transacciones son públicas y cualquiera las puede ver, así que el anonimato consiste en mantener la dirección de la cartera oculta. Además uno se puede crear tantas carteras como quiera.

La idea esta de una moneda que no esté controlada por gentuza como el FMI, el Banco Central Europeo y demás me gusta mucho. Una moneda del pueblo y para el pueblo. Pero… ¿y quien cojones va a pagar impuestos? Si a la gente le pagan su salario en bitcoins… ¿Cómo va a saber Hacienda que un señor ha cobrado tanto? Me imagino que si la empresa lo declara no debería haber ningún problema… pero la cantidad de dinero negro que habría por ahí con tiendas no declarando los ingresos haría que tuviéramos un estado con menos ingresos y menos posibilidades de ayudar a los más desfavorecidos.

En cualquier caso como yo de momento no pago impuesto (me quiero dar de alta como autónomo y pagarlos, pero estoy teniendo problemas para encontrar el epígrafe de trabajador sexual) decidí aceptar y ahora tengo en mi cartera 0.56 flamantes bitcoins. Es posible que sea el primer chapero del mundo en aceptar bitcoins. Por cierto, si alguien quiere contratar mis servicios en forma de pre-pago (¡como los móviles!) esta es la dirección de mi cartera: 19NV LEds oG8Q Dj41 HCrrUnpe 2vUN cRYj s4

Ahora a ver dónde encuentro yo algún lugar donde poder pagar con ellas.

Capitalismo y sexo

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Hoy me voy a poner un poco filosófico. A mi entender en este mundo capitalista hay tres maneras de vender las cosas.

La primera es cuando el gran capital vende al proletario. Como el proletariado siempre es la clase más numerosa estas ventas están deshumanizadas. Un supermercado Día con todos los productos amontonados, una tienda de H&M donde los dependientes no solo pasan de ti sino que hasta desconfían cuando vas a los probadores, etc…

La segunda es cuando se vende a los grandes ricos. Esas tiendas pijas donde los dependientes saludan con una sonrisa falsa y adulan forzadamente a sus clientes. Como la escena esa de Pretty Woman donde Richard Gere le dice a la dependienta que van a gastarse una cantidad insultante de dinero y quiere que les hagan la pelota.

Por último están esas tiendas donde el vendedor es como el propio artesano que se nota que ama el producto que hace o vende. Es el dependiente que está feliz porque te intereses o quieras comprar sus cosas. Alguien que nunca te va a intentar vender lo que no quieres. Yo procuro comprar solo en este tipo de tiendas, me hace más feliz.

Yo creo que con el sexo y con los chaperos pasa lo mismo.

Están esos chaperos de bajo coste a los que no les importa una mierda su cliente. Ellos van allí a cobrar su miseria e intentan que se corra lo antes posible, pasar pronto el trámite de la maquinaria capitalista.

Luego están esos chaperos de lujo que se llaman a sí mismo escorts. Cobran tarifas por horas porque su tiempo es importantísimo. Presumen de ser muy profesionales mientras adulan a su cliente hasta lo vergonzoso mientras por dentro les dan asco.

Finalmente están  los artesanos del sexo. Mejor hablo en primera persona porque yo me considero de este último grupo. Yo amo lo que hago (comer pollas) y me encanta que la otra persona lo disfrute. Y llamadme ñoño o lo que queráis, pero cuando yo amo algo (comer pollas) y la otra persona ama también ese algo (que yo le coma la polla) establezco un lazo de unión con esa persona; los dos estamos disfrutando lo mismo. Si alguien quiere que yo le coma la polla me sale de dentro tratarlo con respeto y complicidad. Y como soy una persona muy empática a todo el mundo le encuentro algo bueno que me gusta y lo disfruto. Yo creo que hasta si le comiera la polla a Bárcenas le encontraría un lado bueno. Esa complicidad es la clave. Que la otra persona sienta que la aprecias, que no es un puto cliente (bueno, un cliente de un puto) sino que hay algo de amistad. Que al final le cobras porque tienes que cobrarle, pero que es alguien que te cae bien, alguien especial y con el que estás a gusto. Que terminas de follar y no tienes ganas de irte, sino de estar más rato charlando. Que ese besito de despedida diciendo que te ha encantado y que lo has pasado genial es sincero. Creo que todos necesitamos sentirnos especiales, y la gente que tiene que (o quiere) pagar por el sexo más. Os parecerá una tontería, pero creo que que un chapero mande un mensajito a un cliente-amigo diciendo que qué tal, que se has acordado de él y le mande besitos es algo que saca una sonrisa.

 

Eurovegas: putas y chaperos

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Hoy he estado en una asamblea donde se han discutido las acciones ciudadanas a tomar contra la construcción de Eurovegas en Madrid. La discusión ha estado muy interesante: unos se oponían radicalmente pero otros comentaban que en un país con el paro que tenemos no puede rechazar inversiones que crearán miles de puestos de trabajo ya sea en la construcción, camareros, crupieres y demás. Ahí ha sido cuando me he puesto yo a pensar. La gente que visite Eurovegas a parte de alcohol, juego y rock and roll van a querer sexo, o sea, putas y chaperos.

Yo sé cómo funciona el mundo capitalista y pronto habrá quien quiera controlar el mercado del sexo al por mayor. Al fin y al cabo la mafia es una de las máximas expresiones del capitalismo. ¿Y qué podemos hacer nosotros para evitar esto? Pues asociarnos. Mi idea es formar una cooperativa de chaperos (yo de putas no sé nada) que puedan dar una respuesta organizada a los intentos de que una mafia establezca su monopolio.

Mi idea es que todos los miembros destinen una porcentaje de sus ingresos a la cooperativa que se encargará de:

  • Proveer de una infraestructura de contacto para que los ejecutivos que nos visiten puedan solicitar los servicios de un chapero de su gusto a través del móvil o de internet.
  • Ofrecer un sistema de pago mediante tarjeta de crédito (ya sabemos que esta gente se va a dejar todo en los casino y van a tener que tirar de tarjeta).
  • Seguridad. Por si hay algún problema con algún cliente contaremos con una estructura de seguridad no violenta. Hay muchas formas de que un cliente pague sin tener que recurrir a la violencia.
  • Cobertura sanitaria. Puesto que nuestra labor no está regulada legalmente nuestros miembros no tendrán cobertura de la seguridad social gracias a la señora Merkel, los hombres de negro y el tito Rajoy (así es como le llamaba un compañero) y tendremos que proporcionar nosotros esa asistencia así como un seguro por baja laboral y gonorreas.
  • Dar cursos de formación. Porque a siempre se puede aprender a mamar mejor.

¿Qué les parece la idea? ¿No es bonito pensar que entre todos unidos podemos impedir que un par de capitalistas despiadados se llenen los bolsillos con el sudor de nuestra frente y las agujetas de nuestra boca?

 

Mamadas y música

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Me encanta la música. Flipo cuando la escucho, sobre todo en directo. Por eso me corroe una envidia sana cada vez que estoy en un concierto en una casa okupa y veo a los músicos crear esa magia que solo la música puede conseguir. Por cómo improvisan, por cómo sintonizan con el público y por cómo las niñas les miran embobados. Yo siempre he querido saber tocar un instrumento, preferentemente la guitarra y llevarla siempre conmigo y poder tocar en cualquier placita con un grupo de amigos, cantarles cancioncillas a las niñas y, en fin, disfrutar. Pero mis padres nunca me apuntaron a la escuela de música ni me compraron una jodida guitarra.

A veces la suerte le sonríe a uno y eso es lo que me ha pasado a mí este verano. Hace unos 15 días fui a chupársela a uno que me dijo que era profesor. Eso son 15 euros, porque a los funcionarios los están machacando y yo siempre he admirado mucho a los profesores por la labor tan importante que hacen en nuestra sociedad. Me planté en su piso, una buhardilla por Huertas y le hice una buena mamada en el sofá mientras él me acariciaba el pelo (que es una cosa que me gusta mucho). Yo sabía que le estaba gustando mucho porque se le escapaba una lagrimilla por el ojo izquierdo (mientras mamaba lo pensaba: ¿entenderán los ojos de política?). El caso es que al terminar me senté en el sofá con él un rato y nos pusimos a charlar y … ¡sorpresa!: era profesor de guitarra. Yo que no me corto un pelo le dije que me tocara algo. Vi que se le encendieron los ojos (supongo que a todos los músicos les gusta tener su público) y me dijo: “mira, como me has hecho la mejor mamada de mi vida, además de pagarte, quiero compensarte de algún modo. Me encantaría chupártela yo para que tú te corrieras, pero es que lo hago fatal y no te iba a gustar, así que lo que voy a hacer es tocarte algunas canciones mientras te pajeas para que te corras musicalmente”. Y joder, menuda situación. Él estaba aún desnudo, yo me quité toda la ropa empecé a pajearme mientras él empezaba con los primeros acordes. Creo que fue la mejor paja de mi vida: el tío iba enlazando canciones de manera increíble y yo la tenía durísima. Después de unos cuantos minutos me corrí de manera espectacular justo con el final de una canción. Ya estábamos los dos corridos, tirados en el sofá cuando me dijo: “me he estado fijando y eres muy musical. Has estado pajeándote al ritmo de cada canción. Tienes mucho arte, deberías ser músico”. Y no sé exactamente cómo se nos ocurrió una maravillosa idea: él había dicho que no sabía comerla bien y que le encantaría saber hacerlo y yo no sabía tocar la guitarra y me encantaría hacerlo. Así firmamos un acuerdo: yo le enseñaría a hacer las mejores mamadas del mundo y el me enseñaría a tocar la guitarra.
Desde ese día me paso todas las tarde pos su casa, a eso de las 7, y estamos una hora de mamadas y una hora de guitarra. Yo se la chupo un rato a él mientras le explico para que preste atención y luego él me la va chupando a mí y le voy corrigiendo. Vaya progresos está haciendo y lo bien que nos lo pasamos. Yo también estoy progresando con la guitarra y ya soy capaz de tocar bastantes canciones facilitas con todos sus acordes. Un día le dije que una de las cosas más importantes de las mamadas era conocer a tu público: saber como le gusta que se la chupen (cada persona es un mundo), ir probando hasta dar con la técnica que más disfruta, exactamente igual que el secreto para conquistar con la música: escuchar a tu oyente e ir modelando tus canciones para él. Así que si solo me la chupaba a mi y si yo solo tocaba para él íbamos a estar incompletos los dos en nuestra formación. Por eso me traje a un amigo chapero de lujo (escort profesional dice él) que conocí en un trío (tengo pendiente escribir la historia de cómo lo conocía porque es genial) para que también se la chupara a él y para que yo tocara la guitarra para él. Como mi amigo es muy divertido él no solo se ha apuntado a comérsela (gratis) a mi profesor particular sino también a tocar los bongos en unos conciertillos improvisados que nos montamos.

Qué bien me lo estoy pasando este verano y qué de provecho está siendo.

Aprendiendo inglés

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Me hace ilusión pensar que hay gente por aquí, en estos mundos virtuales que se haya preguntado ¿dónde se habrá metido Dani?. Pues en Australia. Aprendiendo inglés. Porque en esta vida hay que saber de todo un poco y viendo como está el panorama en España, con tanta gente sin dinero para pagar la luz, como para estar pagando mamadas (aunque el rollo ese de mamarla con velitas a mí me gusta mucho).

De todos modos a mi nunca se me habría ocurrido irme a Australia a aprender inglés, ha sido todo cosa de un cliente. Yo no me lo creía. Me vino a recoger su chófer (porque este cliente es un señor importante) como siempre a Atocha. Ya en su casa yo pensaba que querría lo de siempre, una mamadita mientras entre gemidillos me decía cosas incomprensibles como “toma garzón garzón, chúpate esa”. Pero no. Me dijo que como yo me había portado muy bien con él quería hacer algo por mí, y qué mejor que preocuparse por mi futuro y apuntarme a un curso de inglés. Yo solo de pensar en ir a una academia me daba una pereza increíble, pero no, me dijo que lo mejor para aprender inglés era ir a vivir al propio país, así que me pagaba el viaje y la estancia en Australia. ¿Y por qué Australia y no Inglaterra o Irlanda que está más cerca y le iba a salir más barato? Yo me lo olí todo en seguida: este estaba casado o algo y la mujer estaba empezando a sospechar y me quería tener lejos un tiempo. Y claro, siendo alguien tan importante eso no se podía saber. Además empezó a hacer recuento de todos los viajes que habíamos hecho, sobre todo a Marbella, y viendo en qué hoteles habíamos estado y las cenas esas medio románticas que tuvimos (no veas que lujazo de restaurantes) mientras le decía al chófer, “las cintas de seguridad, encárgate tú”. Aquello parecía casi una peli de espías. Menuda pájara debe ser la mujer.

Tampoco era necesario que me mandara a Australia, yo soy un tío serio y profesional, y ni por todos los euros del mundo iba a ir a contarle a ninguna tele ni nada las cosas que hacíamos. Pero bueno, las oportunidades que se le presentan a uno en la vida hay que aprovecharlas, así que acepté.

Y Australia… Australia está muy bien, es muy bonita, y los kanguros los koalas molan un montón. Pero los australianos son gente un poco rara y la cerveza sabe distinta. No sé si tiene algo que ver eso de que el agua del lavabo gira para el otro lado al irse. De trabajar nada de nada. Ya me lo dejaron clarito en el control de inmigración: yo iba allí de turista y estudiante a hacer un curso de inglés, que ni se me ocurriera ponerme a trabajar o me metían en la cárcel. Así que me he centré en ir a la academia de inglés. El curso se me acabó hace ya un par de semanas, pero mi pagador me dijo que me quedara un poco más, que aprovechara ya que estaba allí. Y bueno, como el pagaba… me apunté a un cursillo de surf. Eso si que es una maravilla. Pero ya estaba un poco cansado de tanta agua y de la cerveza aquella, así que cuando este me mandó un mail diciendo que me había sacado un billete para volver a Madrid el jueves me alegré. Echaba de menos Madrid. Y trabajar en vez de estar todo el día a la bartola.

Los tíos la comemos mejor

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A este reflexión he tardado yo en llegar. Creo que ya tenía yo una intuición sobre esto, pero fue ayer cuando se me encendió la luz.

Había quedado por el chat yo con un tío de 27 años que insistió mucho en si era discreto. Yo lo de la discreción nunca lo he entendido. ¿Qué es ser discreto? ¿Que le coma la polla sin que nadie se entere? Hombre, pues mientras lo haga en su casa no creo que nadie se vaya a enterar. ¿Que cuando entre al portal le diga al portero (sí, este era tan pijo que vivía en un edificio con portero) que voy a comérsela al del quinto?. En fin, parece que el tío era un actor famoso o algo y no quería que nadie se enterara. Creo que cuando le dije que ni idea, que yo no veía la tele se animó al final a quedar. Eran 50 euros porque se la comiera. El mundo de la farándula paga bien.

Fui a su casa y empezó a contarme que tenía novia pero le gustaba más como la comíamos los tíos. Lo divertido es que todo esto me lo decía ¡mientras se la estaba comiendo!. Me pone un poco nervioso que la gente hable en estas cosas pero al menos tenía una voz muy bonita, mucho más que la polla que era más bien fea. También me dijo que si no quería pajearme yo mientras se la comía y, la verdad, como la tenía bien dura me la saqué y empecé a pajearme. Me quitó la camiseta y empezó a decirme que qué bien la comía y que menudo pollón tan bonito tenía.

Tú también tienes piba, ¿verdad?. Si es que a mi me pasa lo mismo, me gusta las tías pero es que los tíos la comemos mejor. ¿A ti te la come tu novia? Seguro que yo te la como mejor. ¿Quieres que te la coma?”

Y mira, yo estaba tan a gusto con mi paja pero pensé que si me la comía al menos se callaría, así que le dije que sí. Nos fuimos mejor a la cama e hicimos un 69 de tíos.

Joder el cabrón qué bien la comía. ¿Les enseñan a los actores esto en las clases que dan? Lo digo por si tienen que hacer escenas de sexo o algo. Qué placer, yo creo que se me escapaban gemidillos aún con su polla en mi boca. Y él estaba callado. Placer total. Cuando el tío se la metía hasta el fondo (¡joder qué garganta!) es que flipaba. Además que lo del 69 es un puto invento porque si a mi me apetece que me la coman despacito, pues la empiezo a comer despacito y el otro hace lo mismo. Estuvimos un buen rato y cuando estábamos a punto de corrernos nos tumbamos como el uno encima del otro pajeándonos mutuamente. Y el cabrón volvió a hablar: “qué bien la comes cabrón“. Yo no sabía qué decir pero la verdad es que puff, el la comía de lujo y dijé: “tú también cabrooooon“. Lo de cabrón así alargado lo digo porque justo en ese momento me corrí y le puse perdido de lefa y casi al instante se corrió el. Menuda fiesta parecía aquello. “Mierda se han manchado las sábanas, a ver cómo le explico a mi novia ahora que las he cambiado“. Ni recién corrido se callaba el cabrón.

Me llevé mis 50 euritos pactados y mientras iba de camino al metro iba pensando en todo esto. A mi las tías me la han comido poco (se ve que les da vergüenza): alguna regular y otras mal. Se ve que como ellas no tienen polla no saben realmente como nos gusta a los tíos que nos la coman. Y claro, yo les diría “más despacio”, “cuidado con los dientes”, “tranquila nena, que no es un chupachups”, “así, hasta el fondo” pero como a mi no me gusta hablar…